martes, 2 de abril de 2013
La amistad y el orgullo
Por alguna extraña razón, cuando el orgullo se interpone en una buena amistad, es un poco difícil volver a cruzar esa línea, para que todo vuelva a ser como antes.
Y esto se da principalmente por rumores, o por cosas que a veces no se pueden explicar precisamente con palabras, y una vez que ha entrado el orgullo, pensamos que todo está arruinado, que nada tiene solución, lo sé por experiencia.
Claro que duele perder una buena amistad, y más si era tu mejor amig@, aquel que te escuchaba y que sabía perfectamente cómo te sentías, con el cual podías reírte a carcajadas sin sentirte juzgad@.
Por peleas, diferencias ó cualquier otra razón, se acaba la confianza en una amistad, aunque quieras reconstruirla de nuevo, puede que lo logres, pero ya no volverá a ser como antes, es como un cristal, reluciente y hermoso; y cuando se rompe, queda con marcas y ya no luce igual.
Todo esto sucede por la falta de confianza, y es ahí cuando comprendes, que cuando una puerta se cierra, otra se abre, y tiendes a mirar las que están abiertas, no la que se acaba de cerrar.
Demasiadas veces dejamos que el orgullo tiña de rencor nuestras relaciones y nos aleje de las personas a las que queremos. Cargarnos de razón nos dificulta el paso y nos deja a solas con nuestros motivos.
En cambio, dar el brazo a torcer es el gesto más necesario y valiente si queremos llenar de paz nuestro corazón y mantenernos cerca de aquellos que nos importan. Actúa siempre desde el amor. No importa si tienes razón o no. Regala la razón a quien la necesite para vivir; tú vive buscando siempre lo que aporte paz a tu corazón, y sobre todo, seguir adelante.
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